Aquí La Más Principal Hazaña Es Obedecer

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Aquí La Más Principal Hazaña Es Obedecer

NotaAuthor: Paquillo » Mar 22 Feb, 2011 16:25

Tendemos a separar en espacios estancos el repertorio de los derechos y el de las obligaciones que nos conciernen, aplicando a unos y otros distintas medidas; solemos escatimar nuestros deberes y mostrarnos pródigos en el ejercicio de los propios derechos o sea, no abundamos en congruencia. Por ejemplo, la sociedad necesita de nosotros más lealtad profesional. La sociedad no puede ser un enjambre de mosquitos alocados, sino una conjunción de esfuerzos que reúna energías en pro del común antes que del individuo, pero....

Un oficial del ejército de los EEUU se enfrenta a un consejo de guerra por negarse a participar en la guerra de Irak a la que su unidad fue destinada. El oficial se llama Watada y hasta ahora disponía de una hoja de servicios sin tacha, pero al saber que le enviaban a Irak (no antes), dicen que se puso a estudiar el conflicto, que consultó en Internet los discursos de la gente de la Administración, que habló con otros veteranos y que llegó a la conclusión personal de que la intervención de USA en aquel país árabe no estaba justificada.

Se desconoce si Watada reflexionó sobre lo contradictorio que resulta ser militar en la paz y pacifista en los tiempos de guerra ni si consultó las ordenanzas para saber si permitían proseguir la guerra cuando un teniente como él había llegado a la conclusión (acertada o no, que esa es cuestión distinta) de que no era justa. "Mal comparado", a mí me viene a la memoria lo que pasó con el general Mac Arthur cuando, en la guerra de Corea de 1950, desobedeció por activa las instrucciones del Gobierno de los EEUU y decidió bombardear al norte del río Yalú, pese a la prohibición expresa de Washington. La cosa resultaba tan anómala que en el Senado norteamericano alguien preguntó irónicamente si sería cierto que Mac Arthur se proponía declarar la guerra... a los EEUU.

Por cálculo, por ingenuidad o por otros motivos, el teniente se ha entrampado en una peripecia nada castrense ni demasiado honorable, en vez de seguir la suerte de los soldados que mandaba y que a estas horas ya estarán en Irak y a las órdenes de un oficial más fiable. Un teniente que no quiera ir a la guerra se parece a un cura que no quisiera decir misa en las fiestas de guardar, convirtiéndose en un inútil para lo que había elegido hacer profesionalmente.

La milicia es obediencia o no puede ser nada. "Aquí la más principal hazaña es obedecer/ y el modo como ha de ser/ es ni pedir ni rehusar..."; así opinaba en un poema inolvidable el soldado de infantería Pedro Calderón de la Barca hace algunos siglos, pero mantiene su actualidad porque no corresponden a moda alguna sino a la esencia de la institución militar; es inverosímil que el teniente Watada desconociera ese deber que asumió en su día y al que ahora, falta.

Cuenta el general Nogués en sus "Memorias de un viejo soldado", que las razones que impulsaron a Riego a sublevarse "defendiendo la Constitución", consistían simplemente en que ni él ni otros oficiales deseaban ir a América a luchar contra la insurrección de lo que entonces era la España ultramarina. Por eso, en vez de embarcarse disciplinadamente en Cádiz, prefirieron rebelarse en Cabezas de San Juan y no salir de la península.

Como las demás instituciones del Estado, el ejército necesita una base democrática, pero el cumplimiento de las órdenes que reciba del Poder civil o las que procedan de la escala de mando no dependen de los llamados a cumplirlas, ni deben ser revalidadas por acuerdo. Es cierto que las armas deben emplearse con prudencia y mejor nada que poco, pero un militar que eluda la guerra puede que salve la vida, pero incurre en la indignidad de cobrar la soldada sin hacer observancia de sus deberes.

En España estamos asistiendo a otra manifestación de ese espíritu anodino (ni carne ni pescado), a cargo de algunos guardias civiles que emplean, contra ordenanza, el uniforme para manifestarse "causando más impacto". Eso más que adhesión produce tristeza y perplejidad en los ciudadanos.

Los miembros de la Benemérita tienen derecho a un status socio-laboral más justo, pero no les corresponde cambiar la naturaleza del Cuerpo ni siquiera aunque fuese cierto que alguien les hizo esa insólita promesa electoral. Ser Guardia Civil es muy sacrificado, pero es vocacional porque nadie ingresa a la fuerza en la Benemérita. La Guardia Civil sería mucho menos si prevaleciese en ella el sentido de sus derechos sobre el de sus deberes. Sí; es cierto que el cumplimiento del deber, cada cuál de los suyos, no es sólo cosa de militares.Tendemos a separar en espacios estancos el repertorio de los derechos y el de las obligaciones que nos conciernen, aplicando a unos y otros distintas medidas; solemos escatimar nuestros deberes y mostrarnos pródigos en el ejercicio de los propios derechos o sea, no abundamos en congruencia. Por ejemplo, la sociedad necesita de nosotros más lealtad profesional. La sociedad no puede ser un enjambre de mosquitos alocados, sino una conjunción de esfuerzos que reúna energías en pro del común antes que del individuo, pero....

Un oficial del ejército de los EEUU se enfrenta a un consejo de guerra por negarse a participar en la guerra de Irak a la que su unidad fue destinada. El oficial se llama Watada y hasta ahora disponía de una hoja de servicios sin tacha, pero al saber que le enviaban a Irak (no antes), dicen que se puso a estudiar el conflicto, que consultó en Internet los discursos de la gente de la Administración, que habló con otros veteranos y que llegó a la conclusión personal de que la intervención de USA en aquel país árabe no estaba justificada.

Se desconoce si Watada reflexionó sobre lo contradictorio que resulta ser militar en la paz y pacifista en los tiempos de guerra ni si consultó las ordenanzas para saber si permitían proseguir la guerra cuando un teniente como él había llegado a la conclusión (acertada o no, que esa es cuestión distinta) de que no era justa. "Mal comparado", a mí me viene a la memoria lo que pasó con el general Mac Arthur cuando, en la guerra de Corea de 1950, desobedeció por activa las instrucciones del Gobierno de los EEUU y decidió bombardear al norte del río Yalú, pese a la prohibición expresa de Washington. La cosa resultaba tan anómala que en el Senado norteamericano alguien preguntó irónicamente si sería cierto que Mac Arthur se proponía declarar la guerra... a los EEUU.

Por cálculo, por ingenuidad o por otros motivos, el teniente se ha entrampado en una peripecia nada castrense ni demasiado honorable, en vez de seguir la suerte de los soldados que mandaba y que a estas horas ya estarán en Irak y a las órdenes de un oficial más fiable. Un teniente que no quiera ir a la guerra se parece a un cura que no quisiera decir misa en las fiestas de guardar, convirtiéndose en un inútil para lo que había elegido hacer profesionalmente.

La milicia es obediencia o no puede ser nada. "Aquí la más principal hazaña es obedecer/ y el modo como ha de ser/ es ni pedir ni rehusar..."; así opinaba en un poema inolvidable el soldado de infantería Pedro Calderón de la Barca hace algunos siglos, pero mantiene su actualidad porque no corresponden a moda alguna sino a la esencia de la institución militar; es inverosímil que el teniente Watada desconociera ese deber que asumió en su día y al que ahora, falta.

Cuenta el general Nogués en sus "Memorias de un viejo soldado", que las razones que impulsaron a Riego a sublevarse "defendiendo la Constitución", consistían simplemente en que ni él ni otros oficiales deseaban ir a América a luchar contra la insurrección de lo que entonces era la España ultramarina. Por eso, en vez de embarcarse disciplinadamente en Cádiz, prefirieron rebelarse en Cabezas de San Juan y no salir de la península.

Como las demás instituciones del Estado, el ejército necesita una base democrática, pero el cumplimiento de las órdenes que reciba del Poder civil o las que procedan de la escala de mando no dependen de los llamados a cumplirlas, ni deben ser revalidadas por acuerdo. Es cierto que las armas deben emplearse con prudencia y mejor nada que poco, pero un militar que eluda la guerra puede que salve la vida, pero incurre en la indignidad de cobrar la soldada sin hacer observancia de sus deberes.

En España estamos asistiendo a otra manifestación de ese espíritu anodino (ni carne ni pescado), a cargo de algunos guardias civiles que emplean, contra ordenanza, el uniforme para manifestarse "causando más impacto". Eso más que adhesión produce tristeza y perplejidad en los ciudadanos.

Los miembros de la Benemérita tienen derecho a un status socio-laboral más justo, pero no les corresponde cambiar la naturaleza del Cuerpo ni siquiera aunque fuese cierto que alguien les hizo esa insólita promesa electoral. Ser Guardia Civil es muy sacrificado, pero es vocacional porque nadie ingresa a la fuerza en la Benemérita. La Guardia Civil sería mucho menos si prevaleciese en ella el sentido de sus derechos sobre el de sus deberes. Sí; es cierto que el cumplimiento del deber, cada cuál de los suyos, no es sólo cosa de militares.

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